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La mayor parte del calentamiento global ha sido y sigue siendo causado por las actividades humanas, debido a las emisiones de gases de efecto invernadero, en especial por el CO2. Casi todas las actividades que realizamos y bienes que producimos implican altos consumos de energía contribuyendo a las emisiones de gases a la atmósfera.

 

La huella de carbono, ¿en qué nos afecta?

El transporte, las fábricas, la gestión de residuos… Todo ello son actividades humanas que emiten gases de efecto invernadero. Entre estas actividades, y una de las más contaminantes, está la ganadería industrial.

Nuestros hábitos de consumo abusivos nos han llevado a generar bienes a unos niveles que no podemos mantener.

La huella de carbono mide las emisiones de dióxido de carbono emitidas en la cadena de obtención de bienes. Estas emisiones se producen en toda la cadena, desde la obtención de la materia prima pasando por el tratamiento de los desperdicios, manufacturación y trasporte.

Resulta una herramienta al servicio de empresas y organismos públicos a nivel internacional, para poder ser más eficientes y reducir sus costes energéticos.

La preocupación creciente y cada vez más consciente de las consecuencias adversas del cambio climático producido por nuestro estilo de vida han llevado a instituciones y organizaciones a tomar medidas y conocer exactamente el daño que estamos haciéndole al planeta.

Instrumentos objetivos como la huella de carbono permiten medir la procedencia de las emisiones y divulgarla, de modo que las decisiones a nivel individual sobre nuestro consumo, también formen parte de esa responsabilidad que todos tenemos de tratar de reducir al mínimo esas emisiones.

 

La huella de carbono, es la cantidad de gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera y que están derivados de las actividades de producción o consumo de bienes y servicios de los seres humanos.

 

¿Qué podemos hacer a nivel individual?

Nosotros como consumidores y las decisiones que tomamos diariamente sobre lo que compramos o no, influyen de forma notable, en la huella de carbono.

Por suerte, podemos hacer mucho más de lo que creemos. Con la alianza de las grandes empresas a nivel internacional para reducir sus emisiones de CO2 junto con el apoyo ciudadano, lograríamos frenar el calentamiento global.

Nosotros como individuos y como consumidores tenemos mucho más poder del que pensamos, ya que somos los que generamos la demanda. Del mismo modo que hay personas que deciden utilizar el transporte público o hacerse con un coche eléctrico para contribuir con un mundo más sostenible, las elecciones de lo que ponemos en nuestra mesa también deben de hacerse orientadas a esa sostenibilidad.

Tenemos a nuestro alcance la posibilidad de contribuir con nuestro planeta, adoptando hábitos como el reciclaje, la utilización de bombillas de bajo consumo y poniendo especial cuidado en los productos que compramos y por tanto que consumimos.

 

Lavacaquesi apoya un modelo sostenible de alimentación, con la cría tradicional de ganado, no generando desperdicios y utilizando exclusivamente el  trasporte a nivel local. Así logramos crear un producto no solo de alta calidad, sino también con un bajo coste energético.

 

No solo promovemos un modelo de crianza tradicional sostenible para nuestra alimentación, sino que también apoyamos y difundimos hábitos de vida saludables, que mejoran nuestra salud a nivel individual repercutiendo en nuestro planeta. Somos conscientes de que el transporte y la elaboración de bienes requiere de cierta energía, pero también sabemos que reducirlo al mínimo es posible y sobretodo, necesario.

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